Domingo 26 Marzo 2017
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Recordatorios y Homenajes

Homenaje - Alejandro Pulpeiro

Homenaje - Alejandro Pulpeiro

Acta Gastroenterol Latinoam 2016;46(1)
Publicado en www.actagastro.org el
 28/03/2016

Alejandro se caracterizó por ser inquisitivo y agudo en su enfoque médico y ante la vida, lo apasionaba la controversia y confrontar ideas y proyectos, la parsimonia no era su fuerte y tuvo dos pasiones que lo motivaron y dejaron huella: la docencia -su segundo hogar- y el construir un grupo de trabajo con objetivos claros y resultados comprobables. Fue maestro y motivador de sus colegas. Construyó allí donde pudo con persistencia y contra corriente e inspiró siempre a quienes estuvimos a su lado. Sus contradicciones fueron anécdotas menores.
Al egresar del Nacional Buenos Aires lo hizo con notas sobresalientes y un premio del Gobierno de entonces al egresado destacado de ese colegio.
Conocimos a Alejandro en 1976, Dudy Zagalsky, y en 1978, Horacio Besasso, en nuestra formación en el Hospital de Clínicas, como alumnos de la Escuela de Graduados de la SAGE.
Sus rulos de estilo afro denotaban la ebullición intelectual que lo desvelaba. Tenía cuarenta años en ese momento, plenitud total e intereses que oscilaban entre la hepatología, la gastroenterología clínica y el psicoanálisis. La “Oda al hígado” de Pablo Neruda era una de sus poesías favoritas.
En esa época fue mentor de la tesis de Dudy Zagalsky sobre “Tratamiento psicológico de la enfermedad ulcerosa gastroduodenal”. La tesis contenía aspectos válidos y sólidos sobre los cuales él estaba convencido. Sin embargo, fue el advenimiento en ese mismo año de la Cimetidina lo que marcó una bisagra en el tratamiento de esta patología, lo cual hará que se difuminara la cirugía de las úlceras gastroduodenales.
Como suele pasar con aquellos que estudiaron en “El Colegio”, reverenciaba la calidad educativa en que se había formado y allí nació su obsesión por la lectura y su erudición humanística que lo hacía sobresalir más allá de la medicina. Era un gallego culto, muy lector y estaba orgulloso de poder demostrarlo.
Su desempeño como estudiante de Medicina en la UBA fue brillante –fue medalla de oro- y se desarrolló en el Hospital de Clínicas en la Cátedra de Fustinoni, desde donde se trasladó a la Unidad de Gastroenterología. Allí acababa de fallecer el Jefe Ignacio de Larrechea y Hugo Obligio lo reemplazaba, seguido después por el Bebe Arabehety. Osvaldo Tiscornia tenía su espacio en las salas del fondo, donde se dedicaba a estudiar el efecto del alcohol en el páncreas de las ratas.
En 1980 ganó el Concurso como Jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Español, donde formó un equipo armónico y eficiente, y cuyos integrantes crecimos de su mano en la especialidad.
Desde el Clínicas nos fuimos al Español llevados por su magnetismo irrefrenable y armamos allí el Servicio de Gastroenterología. En ese momento actuaba en ese Hospital, a cargo del Departamento de Cirugía, Vicente Gutiérrez Maxwell, maestro de la Cirugía de varias generaciones y con reconocida capacidad organizativa.
Nuestro desarrollo en el Hospital Español bajo la guía de Alejandro fue importante y nos marcó hasta hoy. Allí se introdujo por primera vez en la Argentina el láser de Nd Yag aplicado a la patología digestiva.
Se conformó un grupo pujante y de gran desarrollo individual y colectivo: Adriana Grisuoni, Teresa Barcia, Rosana Argento, Cecilia di Risio, Amalia Rodríguez y Carlos Yufe fueron algunos de los integrantes de ese grupo.
Alejandro llegó a la Dirección del Hospital Español en el comienzo de la democracia. En el ´87 arribó a esa institución una administración que decidió cancelar o limitar la actividad docente y académica. El arribo planificado de Alejandro a la Dirección del Hospital se frustró en forma súbita.
Todo el equipo se solidarizó con él y volvimos al Clínicas primero y al Durand luego. Allí nos recibieron con generosidad. Y fue desde allí también que el grupo inició caminos personales diferentes.
Fue Presidente de la SAGE y durante su gestión se compró la primera sede de nuestra Sociedad en la Calle Salguero. Esa decisión marcó para siempre los destinos de su querida Sociedad, que evolucionó de manera notable.
Fue Presidente del Congreso de Gastroenterología 2002, azotado por las enormes dificultades económicas y logísticas de ese año crítico. Había caído De la Rúa y comenzaba la gestión de Duhalde. Su Congreso sufrió lo que ninguno y desde la Secretaría General uno de nosotros (DZ), compartió el embate contra muchas dificultades.
Alejandro sufrió una gran frustración al ver que el sueño del Congreso al que aspiraba no coincidía con la realidad que el país permitía en esos días.
Tuvo algo de la melancolía y el tesón de los gallegos, las rías de Galicia lo conmovían más que la pampa y la figura de su padre fue, con el paso del tiempo, cada día más señera.
Le costaba mostrar sus sentimientos pues temía parecer débil. Hizo mucho por muchos de nosotros y por la SAGE. Fue querido, respetado y discutido.
Tuvo cuatro hijos; María, distinguida pediatra; Gonzalo, cálido soñador; Rodrigo, reconocido cineasta; y Julieta, su hija en la madurez, que cursa el colegio secundario.
Sufrió y quiso, vivió con intensidad y dejó un recuerdo imborrable en todos nosotros.
Coincidimos plenamente al decir “confesamos que ha vivido”.

Horacio Besasso y David Zagalzky

Homenaje - Julián T. Arabehety

Homenaje - Julián T. Arabehety

Acta Gastroenterol Latinoam 2015;45(3)
Publicado en www.actagastro.org el
 04/10/2015

La profesión médica implica estudio, dedicación y servicio. Se aprende poco a poco, adquiriendo conocimientos, pero también, madurando la actitud en la relación con los pacientes. Sin duda, este crecimiento progresivo está influenciado por los medios y el ambiente en el cual uno se desarrolla. Tener un modelo, conceptuado como la persona digna de ser imitada, marca la calidad médica para siempre. Julián Arabehety fue modelo y mentor de los que nos desempeñamos con él.
Nacido en 1922, se graduó de médico en 1950 con Diploma de Honor (UBA). Luego de desempeñarse en el Instituto de Gastroenterología del Hospital Rawson, estuvo becado dos años en el Hospital Peter B Brigham de Boston (EE.UU.), Hospital afiliado a la Harvard Medical School. Allí se perfeccionó en gastroenterología y trabajó con el Dr Seymour Gray. A su vuelta, se incorporó al Hospital de Clínicas (UBA), desempeñándose como compañero y amigo del Dr Ignacio de Larrechea. Fue pionero del Servicio de Gastroenterología de dicho hospital. En 1987 fue nombrado Jefe de dicho Servicio. Junto con sus actividades asistenciales, ejercía la docencia con verdadera pasión. Fue Profesor Adjunto de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y Sub-Director de la Carrera de Médico Especialista en Gastroenterología de dicha Facultad. En 1996 fue nombrado Profesor Honorario (UBA). Fue miembro activo y Presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología. Fue autor de numerosos trabajos científicos y coautor del libro Gastroenterología, junto con los Dres Víctor Pérez, Osvaldo M Tiscornia e Ignacio de Larrechea (Editorial El Ateneo, 1977).
A la par de toda esta actividad académica asistencial, dedicaba tiempo y devoción a su querida familia, sin olvidarse de practicar semanalmente su deporte, la pelota a paleta, seguramente, influenciado, por su origen vasco.
El “Bebe” Arabehety se caracterizaba por su humor, sentido profundo de la amistad y su cálida disposición para escuchar y orientar. Pude compartir el encuentro diario, dentro y fuera del Hospital de Clínicas, viajar con él, tener accidentes juntos (nos desbarrancamos en un auto en Jujuy) y tener largas charlas en las cuales me aconsejaba sobre situaciones dubitativas (allí aprendí su frase: “No esperes peras del olmo. El peral da peras; el olmo, ¿…?)”. Entre tantas cosas, también de manera totalmente desinteresada, me brindó su consultorio.
Como yo, sus discípulos (numerosos en el país y en el exterior), recibimos de él cariño, enseñanzas, solidaridad, sin habernos pedido nunca nada a cambio. Se daba con alegría, solo por compartir. Merecidamente, en el año 2000, la Sociedad Argentina de Gastroenterología le otorgó el título de Maestro de la Gastroenterología, habiendo tenido el honor de entregárselo. Ese día, también recibieron dicho título otros grandes maestros y amigos entre sí, los Dres Aldo De Paula, Erman Crosetti y Pablo Mazure. Qué honor haberlos conocido.
Querido “Niño Bebe”: He crecido a su lado; he aprendido medicina y mucho más. Como lo he referido en otra oportunidad, ese “mucho más” fue lo que nos identificó a todos sus discípulos, que con sus colegas gastroenterólogos, lo despedimos con profundo cariño y agradecimiento.

Carlos F González del Solar